viernes, 9 de septiembre de 2011
Como os decía mis aventuras acababan de comenzar, la casa era mucho más grande hasta tenía una gran terraza desde donde había unas escaleras que bajaban al huerto (mi cabeza estaba maquinando por donde podía escaparme para poder jugar y correr). Pasaron unos días hasta que me acostumbre a mi nuevo hogar de vacaciones, me volvía loco corriendo por la casa, siguiendo a mi dueña a ver donde iba, hasta que un día vi como se abría la puerta de esa terraza que bajaba al huerto, era mi ocasión para experimentar lo de bajar al huerto con mis dos compañeros (Nika y Rocky). Bajaba con mucho cuidado y mirando todo a mi alrededor para ver lo que había, allí mi encontré con otra compañera llamada Canela (a la que no gustaba mucho sería porque era una perra, a mi tampoco me gustaba). A mi dueña no le gustaba mucho que bajara al huerto, la verdad es que temía que encontrara una salida y me pudiera perder. Así que cada vez que me veían en el huerto me subían a la casa y solo me dejaban mirar a través de la reja de la terraza. Mi dueña no sabia como me bajaba al huerto si estaba la puerta de la terraza cerrada hasta que un día llego y me pillo saltando entre los barrotes de la terraza, pusieron cartones para tapar los huecos de los barrotes, pero no sirvieron de nada me las apañe para poder escaparme. Me pusieron un collar rojo con un cascabel, por si me perdía. Lo que ellos no sabían es que me gustaba bajar porque entre la alambrada había otro huerto y allí estaba un amigo subido a un pequeño tejado llamándome (miau, miau). Todos creían que era una dulce gatita que estaba en celo, pero todos se equivocaban era un gato que quería guerra (pero lo peor estaba por venir)
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